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sábado, 6 de mayo de 2017

Las distopías clásicas

Este año se me pasó, por pereza o qué se yo, hacer una lista de los mejores libros que leí el año pasado, pero sin embargo, ahora que tengo tiempo libre, me gustaría recomendar, lo que llaman, las distopías clásicas del S.XX. (Aunque he de confesar que empecé a leer distopía con Los Juegos del Hambre, pa qué engañarse)

Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (1953)


Sin duda, de las 3, la que menos me convenció, pues a pesar de tener una premisa muy interesante, y no tan descabellada, (un futuro donde leer está prohibido, y es grave delito tener libros. El protagonista es un Bombero, que se dedica a quemar libros, y empieza a replantearse las cosas.
El estilo de Bradbury es sobrio, la presentación de las ideas está genial, pero yo me quedé con las ganas de una trama mucho más interesante a partir de esta premisa, más simple que las otras 2 distopías. El cambio de Montag, al conocer a Clarisse, al ver algo distinto, distinto de todo el resto, no exactamente una historia de amor, es sin duda de lo más destacado, además de ver la deconstrucción de la persona y no dar por sentado todo lo que lo rodea
Hay una adaptación al cine no muy conocida del año 66, de François Truffaut.

Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley (1932)


En esta novela, las la sociedad está completamente controlada y sometida, pero la complejidad de la sociedad, dividida en clases genéticas desde el nacimiento, creando castas (Alfa, Betas, etc...)
Básicamente, jugando a ser dioses, y dónde nuestro protagonista, de la élite, no se siente cómodo con todo. El control de la sociedad es mediante el placer, desde pequeños, a la gente se la bombardea con mensajes en contra de sentimientos profundos. No hay familia, no hay relaciones largas, todos se acuestan con todos, sin tabúes, y cuando alguien no se siente "feliz", se le administra el "soma", la droga que tranquiliza. Y los que tienen hijos al estilo tradicional, viven apartados, en una especie de parque natural.
Es mucho más compleja que Fahrenheit, la evolución del protagonista es mucho más interesante, y el final ácido y con mal sabor de boca es a la vez triste y divertido.

1984, de George Orwell


Esta novela es La Distopía. El control absoluto, el Gran Hermano (Sí, el nombre de ese reality de mierda que todos conocemos hace referencia a esto) que todo lo ve, y todo lo controla. Es una novela dura, cruda, desgradable y que te deja un sabor de boca horrible al acabarla. Y eso es lo que la hace especial. 
Aquí tenemos un protagonista que también quiere cambiar las cosas, que se enamora, una historia de amor irracional, pero preciosa, donde el amor está repudiado, y el sexo se ve como algo desagradable que sólo se debe usar para procrear. Se utiliza una guerra ficticia, para exacerbar el patriotismo y el odio a un enemigo común y si alguien se sale de lo establecido, se le hace desaparecer sistemáticamente.
No hay arte, no hay libertad, no hay diverisión, aquí la sociedad está sometida por el control, no por el placer, una dictadura policial pura y dura, en la que esperamos no despertarnos algún día. Imprescindible





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